Dicen que las escaleras conectan y los pasillos comunican, pero es cierto también que a veces nos encontramos con pasillos que no dicen nada, o que están totalmente desiertos, y la verdad es que asustan. ¿Quién no recuerda el inquietante pasillo de la película El Resplandor, de Kubrick?
Etimológicamente es en el latín donde encontramos el origen de la palabra pasillo, como un diminutivo de paso. En concreto, deriva de la palabra “pasus”. Y es curioso, porque nos cansamos de escuchar que cuando una puerta se cierra, otra se abre; pero lo que no te suelen decir (o no nos paramos a pensar), es que en ese vaivén de abrir y cerrar puertas, entre medias muchas veces existen largos y tediosos pasillos, que como dirían en decoración, ‘distorsionan y estropean el ambiente’: resultan difíciles de atravesar, suscitan miedos y llegan incluso a hacernos caer en la desesperanza.

Por eso es tan importante recordar su origen y lo que significan, porque los pasillos, sean más o menos largos, son parte del proceso de la vida y así los hemos de aceptar. Y quizás no haya que esperar a que esas puertas imaginarias se abran, porque puede que ya lo estén y lo único que debamos hacer es transitar por el proceso lógico que nos llevará a ellas, creciendo, transformándonos. Un proceso que para algunos será rápido y que a otros, por el contrario, les hará caminar durante días, meses o años. No importa. No importa lo largos que sean, si al final conducen a nuestro destino.
Tristemente, solo aquellos pasillos sin música de fondo (cuando nos abandona la banda sonora de nuestras vidas), sin sonidos que hagan compañía, son los que se hacen demasiado extensos, porque en ellos, conceptos como tiempo y espacio no llegan a superar las teorías físicas.
¡Ay pasillo! Eres tú mi camino, que no mi destino. ¡Ay pasillo! Como en la letra del tango, “pasillo de la vida, pensión de la libertad… dormida. Loca por tu noche cada noche voy!
Hermoso, certero; en un equilibrio entre la esperanza más genuina, y cierta desazón de un alma de muy elevada sensibilidad. Ciertamente, muchas puertas están abiertas, pero, el valor para abrir otras es lo que nos hace vivir…, vivir.
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En efecto:VIVIR. «Vivir la vida de tal suerte que…».
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Como la peli: Vivir para vivir…
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Y Francis Lai era acordeonista además de compositor!!! Todos los caminos … O debería decir mejor pasillos???
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Francis Lai y Michel Legrand fueron extraordinarios!!!
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“Debemos guardar de nuestros últimos momentos un recuerdo más bello que nada, un recuerdo que nos ayudará a VIVIR”. Los paraguas de Cherburgo
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Cuando te vea te cantaré los paraguas de Cherburgo; incluso Te la tocaré al piano.
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